dilluns, 25 de novembre de 2013

Bar de copas

Era un sábado por la noche, mi familia se había ido de viaje, no me apetecía quedarme en casa esa noche, y mis amigas no querían salir, así que me fuí sola al bar de la esquina de mi casa.
Parecía agradable,un bar de copas cualquiera, aunque yo no había entrado nunca, pese a estar tan cerca de mi casa, y desde fuera no se veía el interior, pero la fachada era agradable.
Me quedé unos segundos mirando la puerta,sin decidirme, pues una parte de mi me decía que volviese a casa, a la cama,y me quedase durmiendo o viendo una peli,que no entrase al bar. ¿Pero porque iba a hacerle caso a mi instinto?
Abrí la puerta,y entré.
Nada que ver con el exterior, a penas gente, sólo un hombre medio borracho sentado en una mesa al fondo del bar, con una botella de vino vacía tumbada sobre la mesa, y otra recién empezada.
De las tres lamparas que colgaban del techo, de las cuales sólo funcionaba una ( si es que a parpadear se le puede llamar funcionar), se veían telarañas enormes, y polvo, al igual que en la mayoría de las mesas, parecía que no se había limpiado el local en años.
Aún así, me quedé.
Fui al fondo del bar y me senté en la esquina de la barra, donde estaban las únicas dos butacas medianamente limpias, y le pedí al camarero una copa, vodka negro con lima. No tenía, que sorpresa.
Me sirvió un whisky.
Cuando iba a pedir otro, escuché la puerta abrirse, me giré y vi entrar a un chico con una sudadera con capucha que impedía verle la cara. Volví a girarme y pedí el segundo whisky.
EL chico se sentó a mi lado, le dijo al camarero que le pusiera lo mismo que tomaba yo,y me sorprendí.
Comenzamos a hablar,estuvimos un par de horas más en aquel bar, hablando, riendo y bebiendo, hasta que decidimos salir a dar un paseo, a tomar el aire.
Después de caminar unos quince minutos, nos sentamos en un banco, y después de otro rato hablando, me dí cuenta de dos cosas: no sabía su nombre y aún no le había visto la cara.
Se lo dije, y me dijo su nombre, Carlos. Sin embargo no quiso mostrarme su rostro, y yo,como no, insistí.
Finalmente cedió, y se quitó la capucha. Quedé atónita ante lo que vi, una calavera.Sólo huesos.
Tardé unos segundos en reaccionar y,cuando lo hice, eché a correr.
Tras unos minutos, miré atrás porque escuché un sonido y un grito ahogado, y vi como el suelo se desvanecía en mi dirección. Carlos había caído al agujero donde antes había suelo, y me dí cuenta de que yo también caería. Intenté correr más deprisa,tanto como mi cuerpo me permitía, pero no fue suficiente y caí también yo, grité y grité, y seguía cayendo, parecía que no acabaría nunca.
Cuando llegué al final de la caída, me aterraba abrir los ojos, no sabía que vería.
Me armé de valor y abrí los ojos, estaba en mi cama,bañada en sudor.

13 SIEMPRE